Medeidades

Medeidades
Autor: Gonzalo Rueda

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Olga Domínguez (Barcelona, 1979) es licenciada en Filosofía y graduada en Trabajo Social. "Medeidades" es su primer libro, que agrupa poemas escritos mayoritariamente entre 2010-2012.

martes, 22 de febrero de 2011

XXIV Si cuarteas los huecos

Si cuarteas los huecos,
escondes los trozos
y me arrancas los restos
devoras las migas
Si congelas las sobras,
olvidas el cambio
y quemas recortes
escupes lo amargo.
Si rompes las grietas
y atas los cabos
calientas la escarcha
o esparces ceniza
Si amputas pedazos,
prendes las astillas
disimulas el rastro
y curas la herida:
¿Qué quedará de nosotros?

II Incapaces de recordar

Incapaces de recordar
el último puente que tendió al abismo.
Insensibles al cosquilleo
que hace tiritar las copas.
Replegado en sí mismo
el acervo se autodestruye:
lo definido muere,
el consenso basta,
para auyentar al tiempo colapsado.
Y nos queda el consuelo
del que se conforma con nada.
Porque nada es todo lo que ha quedado
en nuestro escondite de poetas muertos,
de sueños perdidos.

lunes, 21 de febrero de 2011

XXIX Sueño

Sueño.
A ratos creo que ando viva
y compongo
versos que luego me sirven de acicate
cuando apuesto
por los ratos que merecen el paseo
y fantaseo,
irremediablemente vuelo entumecida.
Se me escapa la sonrisa
cuando no miras de frente.
Balbuceo
rituales de entropía,
escaparates de morfina.
Me entretengo
en saltar la valla de tu dormitorio.
Si no pones atención quizá te cuente
como escapo del presente
si me aburro demasiado.
Me descuento
cuando cuento los compases de esta nana,
todo empieza cuando acaba
el ronroneo de palabras.
Y supongo
que el matiz irriga el curso de los sueños,
todo el tiempo para andarse con rodeos.
Si resuelves mi acertijo
nos fugamos un momento,
pues detento
pensamientos que se fuman inventando
aderezos de misterio
o un dosel de caramelo.
Vivo.
A ratos creo que igual sueño
pero es dulce,
los colores que se funden
tú me miras mientras duermo.

XXX Cómo hacen los pasos

Cómo hacen los pasos
para desandar el laberinto.
Cómo los buenos
para no morir de locura.
Las varas ya no miden
sino emplazan
a nuevas formas de ejecutar los quiebros.
Se conmueve el canto
de pura letanía.
Y la esperanza es un cráneo que gime
amordazado.

XXXVI Contra el viento

Contra el viento
contracorriente
contrincantes
contrapuestos
en contrabando
de contrarios.
Contra el muro
contrastados
con controversias,
contrapicados.
Contraofensivas
de contraofertas
contravenidas
contra voluntad
Contra Estados,
contrarrestados
por contraceptivos
contrayentes
de contrapartidas
contradictorias
a contraluz.
Contra paredes
contra palabras
contrapuertas,
contraventanas
con contraseñas
contrastables
por contribuyentes
contrariados.
Y contratiempos
y contrahechos
contrafuertes
y contrabajos
Contra tormentas
contra tornados
contraídos,
contraindicados
por contrasentidos
contraatacados.
Contratados
por contrarreformas
para una contracultura
a contrarreloj.

Peleamos
(con permiso de Bucowski)
a la contra.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

XLI Como giras

Como giras
giras
llegas,
me levanto
alcanzo
el premio

Ensartado
a un ojo
un flanco,
imantada
al sol
tu pecho

Como remo
remo
busco,
tu canción
se vuelve
playa

Comprimido
el aire
es lento,
retenido
el tiempo
es puro

Como ríe
ríe
el hueco,
corazón
que se hace
muesca

XXVIII La duda se ha instalado

La duda se ha instalado
en los quicios de las puertas.
Impasible, roedora,
manirota y esperpéntica.
Se anexiona a tus zapatos,
se convierte en lanzadora
de arrebatos intangibles,
de conquistas inexactas.
Surcadora del vacío
que controla las miradas
y embelesa sin querer.

La inocencia se ha colado
por cajones atascados.
Malograda languidece,
se fusila avergonzada.
Por perdida, por ajada,
se empadrona en el olvido,
se publica en una esquela.
Dando pistas al que llama,
convencida que el deseo
hace aguas cuando trata
de afincarse en un colchón.

Lo conforme ningunea
el tributo al que disiente.
Se disipa la mentira
si omitimos del resumen
lo que no se quiere oir.
Jugando a que somos dados
que no pesan en conciencias,
que se lanzan apostando
por sueños ya poco urgentes.
Reediciones de uno mismo
colgadas de la pared.

El amor se ha convertido
en ateo practicante,        
maquinaria de gusano
que vacía la manzana
y finge como algo duele
si descubre que no existe
cuando cantan el final.
Medio loco, amoratado,
contenido y asfixiado.
Sigue siendo requisito
de cualquier formalidad.

Y aun así vamos viviendo
a remolque de las risas,
como actores de vanguardia
que han bordado su papel.
Los felices trenta y tantos
satisfechos condenados
a buscar siempre algo más.
Y aun así nos relamemos
las heridas en poemas,
esperando que el que escucha
sea nuestra salvación.

XXXII Como el paso

Como el paso
tedioso
de un recuerdo carnívoro.
Las orquestas
de duelo
en honor al tributo
de tu piel a mis dedos
cansados,
armados
con minucioso hormigueo
de hielo, fundidos
en la prisa que ahoga
tu pecho en la curva
del tiempo rendido
a los pies de mi cama
que acuna
que abriga
un deseo supino
de amor insurrecto.
Con litigios de besos
que saben a muerte
de torpe caída,
a sexo que agota
sus últimas horas
tan solo, tan lento
y bendice los huesos,
las manos
repletas
de flores marchitas.