Medeidades

Medeidades
Autor: Gonzalo Rueda

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Olga Domínguez (Barcelona, 1979) es licenciada en Filosofía y graduada en Trabajo Social. "Medeidades" es su primer libro, que agrupa poemas escritos mayoritariamente entre 2010-2012.

lunes, 27 de febrero de 2012

LIX Aprieta mi mano



Aprieta mi mano
que no hay nadie
que sea
más fuerte
no hay nadie
que apriete mi mano
más fuerte
no hay nadie
más fuerte
que tú.

Abrázame ahora
que como tú
me quieres
no hay nadie
que me abrace
como tú
no hay nadie
que me quiera
más que tú
no hay nadie


Salva mi día
que no hay nadie
que me haga reír
más que tú
no hay nadie
que me salve
como tú
no hay nadie
con quien ría
solo tú.

No me tengas en cuenta
que a veces
te necesite
Y olvide preguntarme
quien salva
a los héroes.
 

lunes, 6 de febrero de 2012

LVIII Es por miedo

Es por miedo
que gritamos
que es por ciencia
donde estalla 
la impaciencia
ambivalente
de sabernos
ser de carne,
de carnaza
desahuciada
de cañón.

Son las trampas
que socavan
tan maltrecha
la esperanza
de esperar que
no haya nada
sólo el mástil
y la espada
que arremete
contra sombras
que no explican
el pastel.

Cuenta doble
la entelequia
si confirman
que en la piedra
del lenguaje
está la causa
de ceguera
empedernida,
de conciencia
adormecida
por creer.

Vienen tiempos
insensatos
sin recaudo,
extraviados,
a merced
de los pegasos
buscan polvo
en las estrellas
los que temen
ya ser muertos
de ataúd.

Rompen filas
los demonios
del corsé
de las razones
y enarbola
la ignorancia,
metafísica
endiablada,
cambalaches,
sortilegios,
maldición.

No conmueven
las certezas,
se prefiere
la vergüenza
de ser Oz
una mentira,
la patraña,
el mausoleo
de profetas,
la estrategia
del tahur.

Compadece
la belleza
la retina
que ya quiere
renunciar
a lo que pudo
ser de piel
algo más puro
que la ley,
un antifaz.
 
Dicen más
por lo que callan
los que a pulso
roban piezas,
juegan sucio
al corte seco
de gaznates,
implacables
los guardianes
de pecado y
devoción.

Mientras tanto
seamos pasto
del acuerdo
no firmado
que nos quede
algo más nuevo
que esculpir
la calavera
o enterrarnos
en  herrumbre
de bozal

Sea el grito
de un poema
el matiz
que abra la puerta
a medirnos
con lo que urge
ser verdad
y no de  hielo.  
Ser capaces
de consuelo
ya sin fe.